Gracias por la paciencia y la confianza.
Ariel Fontana


Sergio Rocha es uno de los guardavidas que paricipó en el rescate de Brian Mercado, el chico tandilense que perdió su vida en las playas de Santa Teresita este verano.
Mandó este comentario y expresa en él lo que aconteció aquella tarde. Como pocos, da la cara y como lo describen los turistas que lo conocen de muchos años: Un tipo honesto, que va de frente y es responsable. Lo conocen como "Tiburón" y se ganó el cariño de los bañista.
Creo que se merece una respuesta!!!
Ante todo, perdón por la demora a la participación del foro.
Recientemente encontré esta página en Internet y creí conveniente
expresar mi profundo dolor por lo sucedido, en nombre de mi compañero y
mío propio nuestro más respetuoso pésame a toda la familia de Brian.
Sinceramente siento que dimos todo para poder llegar a rescatarlo,
siempre lo hicimos en cada rescate que a lo largo de nuestra carrera
hubo surgido. El caso de Brian fue especial ya que los 3 chicos estaban
disfrutando del mar en el último banco de arena y que pese a estar en
bajante las olas eran realmente respetables y grandes, pero algo paso
en la canaleta siguiente hacia la costa, en el momento de pasarla vimos
que estaban tomándose de la mano Brian y su amigo, inmediatamente mi
compañero me dice que pasa allá? vamos a ver que sucede... estábamos
ingresando cuando quien estaba con brian suelta su mano y comienzan a
pedir auxilio en ese momento quienes estaban a su lado el sr. Ricardo y
su hijo Walter piden auxilio por Brian, para este entonces ya estábamos
rumbo a la victima pero notamos que ni bien su amigo soltó la mano de
Brian, este se hundió sin signo de vitalidad alguna, y en ese momento
mi compañero estaba a
Brian cuando una gran ola freno nuestra entrada y terminó moviendo al
sumergido Brian de lugar ya que estando en el lugar hicimos
subacuaticos buscándolo pero fue en vano. Mi compañero trepo el muelle y
comenzó a avistar de alli buscando un indicio donde arrojarse a
buscarlo, pero ningún indicio llegó. los 4 guardavidas y los 2
aspirantes salimos del agua, personalmente me coloque con un neoprene y
continué por mas de una hora la búsqueda, mientras mi compañero
gestionaba los tramites policiales y el resto contenía emocionalmente a
los amigos de Brian. Salí del agua a pedido de la prefectura ya que
comenzaría a rastrillar. Espero que con este comentario quede aclarado
como fueron los hechos. Gracias a los comentarios de quienes denotaron
nuestro esfuerzo, pusimos todo...era el destino de Brian y de alguna
forma también el nuestro.
Gracias mi email es srocha_salud@live.com.ar, a quien desee aclarar o
averiguar algo responderé de la única manera que conozco con seriedad,
respeto y sobre todo con la verdad.
Sergio "El tiburón"
Pero lo cierto es que tanto turistas como residentes no construyen el vínculo que existe en Chile, Brasil, Bolivia o Perú. En estos países, se toma verdadera conciencia, que el turismo es una industria muy fuerte y de las que genera activos importantísimos dentro de su economía. Por lo tanto han incorporado culturalmente, el precepto de que el turista es una visita destacada, que debe volver siempre y recomendar el lugar, a quien se cruce por su camino.
Buenas tardes, soy el primo de Brian, y quería aclarar que los guardavidas dieron lo mejor, pero es inaceptable que no hayan seguido tácticas y técnicas puntuales de rescate, como no romper la ola por debajo, sino siempre con la vista hacia la víctima. por esta razón es que lo perdieron de vista. es inaceptable que no haya un transporte de rescate en cada sector con cada guardavidas, es inaceptable que en algunos diarios la prefectura diga que lo encontró, cuando salio a flote a los pies de mi madre que no paraba de rezar en la playa, son inaceptables miles de cosas, como también, algo que me contó uno de los chicos que pudo salir, que en el momento en que el primero salío del agua, le dijo a 2 guardavidas que estaban en esa playa, junto con 1 aspirante, lo que estaba sucediendo. A lo que estos hombres se les rieron al principio, y al insistirle que era verdad y que lo vayan a rescatar, recién ahí salieron corriendo. Los primeros 3 guardavidas que llegaron, no fueron estos que se burlaron, sino los del otro parador, situado a 200 mts. del lugar, que podían desde allí visualizar lo que estaba pasando.


Después de leer este artículo, digame que tan lejos estamos de tener un mayor control de la Seguridad que nos falta, sólo por el hecho de querer construir una comunidad donde poder desarrollar nuestro futuro, anhelos y ver a nuestros hijos crecer, lejos de drogas y delincuencia. Este es un modelo bastante interesante, para tener en cuenta.
Cuando, en 1993, entré en funciones como alguacil del condado de Maricopa, en Arizona, las prisiones de la jurisdicción estaban gravemente sobrepobladas, Aunque sólo tenían capacidad para 3000 presos, su población efectiva superaba los 5000. Las condiciones de hacinamiento eran causa de estrés, cólera e, inevitablemente, de violencia. Los reclusos peleaban entre sí y con los celadores, y unos y otros resultaban heridos constantemente.
Aunque hacían falta más ce1das no había dinero para construirlas. Peor todavía, el presupuesto de la oficina del alguacil había sufrido un recorte de varios millones de dólares.
Sin embargo, ni la estrechez presupuestaria, ni el apiñamiento de las cárceles me impidieron hacerme un propósito: poner aún más delincuentes tras las rejas gastando lo menos posible del dinero de los contribuyentes.
En aquel entonces el ejército estaba desechando su equipo obsoleto. Me puse en contacto con unos militares y les pregunté si les sobraban tiendas de campaña. Me contestaron que con gusto me regalarían todo lo que estuviera disponible. A pesar de que algunas tiendas tenían agujeros o las costuras raídas, habían sobrevivido a la Guerra del Golfo Pérsico y todavía estaban en condiciones de servir.
Las tiendas eran el principal ingrediente de mi proyecto. No tuvimos más que hacer unas planchas de hormigón para asentarlas, levantar unas cercas y colocar la instalación eléctrica y sanitaria para los baños, la cocina y la enfermería.
Al poco tiempo alojamos allí a 1000 presos. Un puñado de detractores se burlaron de la idea, alegando que las tiendas no servirían, que representaban un peligro tanto para los presidiarios como para los celadores y que eran anacrónicas y ridiculas. No sabían lo que decían.
Era risible la acusación de que alojar a los presos en tiendas de campaña en el desierto era un castigo cruel. He aquí mi respuesta en pocas palabras:
si las tiendas fueron la vivienda de las tropas estadounidenses en el desierto saudita durante meses, ¿por qué no habrían de ser aptas para los reos? Además, lo que menos preocupaba a los soldados era dónde vivían.
¿Que aun así las tiendas no son muy agradables? Lo minimo que podemos pedir a los delincuentes es que se sacrifiquen un poco por los contribuyentes. Se calcula que un penal de máxima seguridad propuesto para el condado costará unos 220 millones de dólares. El primer campamento que yo levanté costó poco menos de 120.000 dólares.
Ahora bien, reconozco que las tiendas no son una solución universal. No servirían en las zonas donde el invierno es muy frío. Y a los multihomicidas y otros animales incorregibles y depravados no se les debería encerrar en tiendas de ninguna especie. De hecho, cuando uno de nuestros presos causa dificultades y se hace acreedor a un castigo adicional, lo sacamos del campamento y lo encerramos solo en una celda.
Aunque las tiendas de campaña no siempre den resultado, sin duda pueden darlo en una gran cantidad de casos. A juzgar por el gran interés que han manifestado las autoridades de ciudades y condados que me llaman por teléfono o vienen a verme a mi oficina, estoy seguro de que pronto veremos surgir campamentos penitenciarios en muchos estados.
Mi filosoifa se resume en una frase que no me canso de repetir: los delincuentes no deben vivir mejor en prisión que fuera de ella. Así de simple.
La cárcel debe ser un lugar al que nadie quiera volver jamás. Esto no implica que haya que tratar a los presos de manera cruel o inhumana. Semejante conducta no sólo no sería ética y jurídicamente inaceptable, no improductiva desde el punto de vista institucional. Una administración arbitraria o bárbara hace de cualquier prisión un lugar más violento, ingobernable y peligroso, tanto para los reclusos como para los celadores. Las cárceles deben ser incómodas, no inseguras. Por lo tanto, los principios que norman mi modo de trabajar son la disciplina, el trabajo duro, la ausencia absoluta de lujos.
Empecemos con las prohibiciones que he instituido: están prohibidos los cigarros, las revistas pornográficas, el café, los programas de televisión violentos y las películas para adultos.
A los presos no les gusta. Cada vez que visito las tiendas me hacen las mismas preguntas: "¿Por qué no Podemos tomar café?"; "¿Por qué no podemos fumar?" Y mi respuesta es siempre la misma: "¡Porque están en la cárcel!"
Por increíble que parezca, muchos presos no entienden que desde el momento en que los encarcelan pierden algunos de los derechos y privilegios de los que disfrutan los ciudadanos libres. Para ellos, la cárcel no es más que un lugar de paso y hasta un respiro en su carrera delictiva. Un día están en un fumadero de crack; otro, cometiendo un allanamiento de morada; otro más, detenidos; otro, de vuelta en la calle... ¿Cree usted que la cárcel los asusta? ¿Cree usted que antes de golpear a una anciana para robarle el bolso se detienen a pensar: Tal vez no deberla hacer esto, porque si me atrapan tendré que volver a ese horrible lugar?
Por supuesto que no. Más bien dicen: Vaya, estar encerrado no es tan malo: hacía lo que me daba la gana; podía comprar cigarrillos, la comida era mejor que la que como siempre y podía pasarme el día viendo televisión.
Por eso dedico mis esfuerzos a que nuestras cárceles sean más severas y mejores. Periódicamente visito las prisiones del condado para conversar con los reclusos y escuchar sus reclamaciones. En cierta ocasión, un individuo se quejó de que lo habíamos privado de las comodidades a las que estaba acostumbrado y agregó:
-Deberíamos tener los mismos derechos que la gente libre. ¡Qué idea tan interesante! Entonces, ¿para qué sirven las cárceles? A continuación, otro de los reclusos refunfuñó:
-Así es, nosotros no hemos pedido venir aquí.
Quizá el colmo de la arrogancia haya sido la protesta de otro reo: -¡Nos tratan como criminales!
¡Caramba! Imagínese la mentalidad que tiene este sujeto. Imagínese el concepto que tiene de la verdad y la realidad, del bien y el mal; en particular, del bien ajeno y el mal propio.
Así pues, salvemos a los que podamos salvar; ayudemos a los que podamos ayudar, y controlemos al resto. Hagamos nuestro trabajo dentro de los límites de la ética y
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